Las empresas con propósito y el cuarto sector

Por: Gabriela Cuadros, Directora de SUMARA Hub Legal

Cada vez con mayor frecuencia (afortunadamente) escuchamos hablar de empresas con propósito, sociedades de triple impacto, organizaciones híbridas, sociedades BIC, inversión de impacto, empresas B, entre otros términos que pueden ser extraños o ajenos para muchos, pero que representan conceptos muy relevantes hoy en día.

¿Qué son las empresa con propósito? Son aquellas empresas con un modelo de negocio híbrido, bajo el cual realizan una actividad económica con fin lucrativo y a su vez generan un impacto social y ambiental positivo que en ocasiones incluso resuelve un problema público. La particularidad de las empresas con propósito -a diferencia de una empresa que cuenta con un programa de responsabilidad social empresarial- es que para ellas la consecución del propósito es tan relevante y prioritario como la generación del beneficio económico para sus accionistas. A estas empresas también se les conoce como empresas o sociedades de triple impacto, por que persiguen lograr un impacto económico, social y ambiental. Podríamos decir que son empresas con “ánimo de cambio”, y como ejemplo podríamos nombrar a Patagonia, Natura, Sinba, Höseg, Las Polleras de Agus, entre otros.

Son las empresas con propósito las que conforman lo que se conoce como el “cuarto sector”, un ecosistema que surge de la integración de los tres sectores tradicionales: el primer sector o sector privado (conformado por aquellas empresas privadas con ánimo de lucro, que realizan actividad empresarial y buscan maximizar el beneficio económico de sus accionistas), el segundo sector o sector público (que agrupa a los gobiernos e instituciones del estado) y el tercer sector o sector sin ánimo de lucro (donde se encuentran las organizaciones sin fin de lucro que buscan resolver problemas sociales y ambientales). El cuarto sector rompe con la división rígida de los sectores tradicionales y agrupa a las entidades que se encuentran justo al centro de los mismo, aquellas que como ya hemos mencionado realizan actividad empresarial con fines de lucro, mientras persiguen un propósito social y/o ambiental que coadyuvan a resolver un problema público.

Como señalábamos al inicio, este es un tema relevante por el importante rol que desempañan las empresas con propósito en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) comprendidos en la “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” aprobada por la Organización de las Naciones Unidas en el año 2015, ya que su modelo de negocio tiene la capacidad de romper con el círculo vicioso del sistema actual donde la producción y el consumo de bienes y servicios están intrínsecamente ligados a la creación de externalidades negativas, tanto medio ambientales como sociales, que en muchos casos incluso superan el beneficio de la actividad empresarial[1]. También es importante tener en cuenta que cada vez son más los consumidores que demandan productos y servicios que permitan impulsar impactos positivos, y que valoran -en las marcas que consumen- atributos como el trato justo de todos los empleados, prácticas comerciales éticas y sostenibles, apoyo a causas sociales importantes, creación de nuevas oportunidades laborales y una cultura diversa e inclusiva, tal como se evidencia la investigación realizada por la agencia de comunicaciones Zeno Group publicada en junio 2020[2].

Por ello la importancia de promover e impulsar el desarrollo del cuarto sector a través de la implementación de un marco jurídico específico que contemple su naturaleza híbrida, políticas públicas que promuevan su desarrollo, fomentar la inversión de impacto, entre otros.

En noviembre de 2020 Perú se convirtió en el tercer país de Latinoamérica en incorporar el reconocimiento de las empresas con propósito en su ordenamiento jurídico, a través de la promulgación de la Ley de la Sociedad de Beneficio e Interés Colectivo (Sociedad BIC), mejor conocida como la “Ley BIC”, y su reglamento en febrero de este año. La Ley BIC reconoce y regula los tres elementos esenciales de este tipo de empresas: (i) el propósito social y ambiental elegido por sus accionistas y con el que voluntariamente se comprometen, (ii) el régimen de responsabilidad ampliado de los administradores y directores de la empresa, cuyo actuar estará no sólo enfocado en el cumplimiento del objeto social sino que también se centrará en la consecución del propósito, y, (iii) la transparencia de información, elemento muy importante para fomentar la confianza en estas empresas por parte del estado y de los consumidores.

Dicho reconocimiento legal es un paso muy importante para el desarrollo del cuarto sector en el Perú y, por lo tanto, para los emprendimientos de impacto, ya que fortalece los cimientos del sector y esperamos sea el punto partida para la implementación de políticas públicas que incentiven su crecimiento. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer en la consolidación del ecosistema de las empresas con propósito. Aún falta que se fortalezca la confianza en este modelo de negocio y que se desarrolle la inversión en el sector, en particular la inversión de impacto que, a diferencia de la inversión financiera tradicional, sí considera, al momento de la selección de las inversiones, los resultados esperados de dicha inversión en términos sociales y/o ambientales[3].

[1] CGC, Las empresas con propósito y el auge del cuarto sector en Iberoamérica, Madrid: Center for Governance of Change, IE University, 2019 (p.14).

[2] https://www.zenogroup.com/insights/2020-zeno-strength-purpose

[3] Galarza Contreras, Elsa y Ruiz Perez, Jose Luis. 2020. Reporte del Estado de Inversión de Impacto en el Perú, Oportunidades y Desafíos. Recuperado de https://www.inversiondeimpactoperu.pe/

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